Destinos singulares, reflexiones viajeras y una pasión sin fronteras: Carlos el Viajero
Hoy nos embarcamos en una charla apasionante con Carlos Martínez, más conocido en el mundo digital como Carlos El Viajero. Este miembro activo de la comunidad Comunitat Valenciana Travel Bloggers (CVTB) se ha ganado el corazón de miles de lectores gracias a sus reflexiones viajeras y a su capacidad para llevarnos —con palabras e imágenes— a los rincones más inesperados del planeta.
Desde su blog, Carlos no solo comparte experiencias, sino que también nos invita a cuestionar nuestra forma de viajar, descubrir culturas desde el respeto y aventurarnos más allá de las rutas habituales. Porque si algo caracteriza su estilo es su debilidad por los destinos singulares, como viajar a Liberia, viajar a Samoa o incluso viajar a Sierra Leona —lugares que pocos se atreven a explorar, pero que Carlos transforma en relatos que inspiran y despiertan curiosidad.
Soy un valenciano de alma inquieta, con corazón ferroviario y brújula emocional siempre orientada hacia lo auténtico.
Carlos no colecciona países, sino vivencias. No busca likes, sino dejar huella —y no solo digital— en quien se cruza con sus relatos. Sus rutas no siguen tendencias, sino intuiciones; sus destinos no responden a algoritmos, sino a la fascinación por lo singular, lo olvidado, lo humano.
A través de su blog, ha conseguido algo poco común: narrar sin artificios, emocionar sin forzar, e inspirar sin postureo. Porque cuando Carlos viaja, lo hace con los ojos abiertos, pero también con el alma despierta. Y eso, en un mundo tan saturado de estímulos, es un viaje en sí mismo.
Quizás por eso leerle es como viajar con él: te sacude, te enseña, y te deja con ganas de más.
Acompáñanos en esta entrevista donde hablaremos de sus viajes, de la evolución del blogging en tiempos de redes sociales y de cómo es ser parte de una comunidad como la CVTB, que sigue apostando por la autenticidad, el contenido de valor y el amor por contar el mundo.
¿Quién es Carlos El Viajero?
Carlos El Viajero es el alter ego de Carlos Martínez, valenciano de raíces e ingeniero industrial y ferroviario de profesión. Pero detrás de los trenes y los planos, late un alma viajera que lleva más de 30 años recorriendo el mundo con una mochila al hombro. Desde los tiempos en que los mapas eran de papel y los recuerdos se guardaban en carretes de fotos, hasta la era del smartphone y las stories, Carlos ha vivido la evolución del viaje como una experiencia vital, siempre con la curiosidad intacta.
Con el paso del tiempo, admite que su mochila pesa más, aunque no por el equipaje físico, sino por las vivencias, las anécdotas y las reflexiones que acumula en cada aventura. Eso sí, la ilusión por descubrir destinos nuevos o reencontrarse con otros ya vividos sigue siendo su motor.
Carlos prefiere viajar solo, pero no en soledad. Esa matiz revela una forma de estar en el mundo: abierta, libre y profundamente personal. Y cuando comparte camino, lo hace con su compañera de vida, su mujer, quien no solo le acompaña, sino que le ha abierto las puertas a un país que le ha robado el corazón: México.

¿Cuándo nació carloselviajero.com? ¿Cuál era el propósito inicial cuando lanzaste el blog?
Carloselviajero.com nació hace ya 14 años. Todo empezó cuando algunos amigos me animaron a abrir un blog y compartir mis viajes, pero lo cierto es que yo ni siquiera sabía bien qué era eso de tener un blog. Empecé a trastear con la plataforma Blogger y, casi por juego, publiqué un primer post sobre las Ruinas de Copán, en Honduras. Mientras escribía, buscaba fotos y relataba anécdotas, me di cuenta de que me sentía cómodo, que estaba reviviendo ese viaje y que disfrutaba mucho con esa sensación.
No busco likes, sino dejar huella —y no solo digital— en quien se cruza con mis relatos. Mis rutas no siguen tendencias, sino intuiciones; mis destinos no responden a algoritmos, sino a la fascinación por lo singular, lo olvidado, lo humano.
¿Se trata de un proyecto empresarial o más bien algo personal que ha ido creciendo?
Al principio me leían cuatro amigos, algunos familiares y colegas del trabajo, pero eso nunca fue un problema. El blog era, y sigue siendo, un espacio personal, una especie de álbum de recuerdos digitales, abierto a quien quisiera sumarse.
Desde aquel primer post, no he parado de escribir y compartir experiencias, sin otro objetivo que el de entretener, documentar y, si puede ser, inspirar. Nunca me lo planteé como un proyecto empresarial; ha sido siempre una afición que me apasiona y que, con los años, ha ido creciendo y encontrando su lugar entre otros viajeros curiosos como yo.
¿Cuál es el post del que te sientes más orgulloso? ¿Por qué?
El post del que me siento más orgulloso es este: 25 razones para viajar a México. En él volqué todo mi entusiasmo por un país que, como ya he comentado, me apasiona profundamente y que, tras tantos años recorriéndolo, siento casi como propio.
Desde 1998 he tenido la suerte de viajar por todos los estados de México, descubriendo su diversidad, su riqueza cultural, su gente y sus contrastes. Este artículo recoge 25 razones cuidadosamente seleccionadas, no solo con la mirada del viajero, sino desde el interior de mi alma, con el cariño y el respeto que este país me inspira.
Tal vez no sea el post más popular en cifras, pero sin duda es el que más representa lo que siento al escribir: compartir desde la emoción, la experiencia vivida y el deseo de que otros se enamoren de México como lo he hecho yo.
Consideras al tren del hierro de Mauritania el viaje más épico de tu vida. ¿Qué tuvo de particular?
Sí, en su momento, éramos muy pocos los viajeros que habíamos hecho esta curiosa travesía, y de repente el tren de hierro de Mauritania se hizo muy popular. Hoy en día ya son muchos los que pueden contar la experiencia, aunque, según me dicen, hay más controles para evitar que la gente se suba al tren desde su punto de origen.
Lo de épico lo usé con toda la intención, porque no es un viaje en tren cualquiera. Tiene un componente aventurero y arriesgado, pero también es profundamente emocional y sensorial. No es saludable viajar sobre un vagón repleto de mineral de hierro, pero atravesar el desierto del Sáhara en plena noche, bajo un cielo estrellado y sin luna, acompañado solo por el traqueteo del tren, es una experiencia que no se puede explicar del todo con palabras.
Hice este viaje con mi mujer, y no había nadie más a bordo, salvo el personal ferroviario en la locomotora. Ver aquella serpiente de acero de 350 vagones, cuya cola se perdía en el amanecer, fue inolvidable.
Además, este tren es vital para la población local; es el medio de transporte que conecta el centro del país con la costa. Es, literalmente, el tren de la vida. Solo puedo compararlo con La Bestia, el tren de carga que atraviesa México y lleva a tantos centroamericanos en busca del sueño americano. Pocas travesías ferroviarias en el mundo tienen esa combinación tan potente de aventura, humanidad y belleza natural.

¿Hay alguna región del mundo que consideres que conoces especialmente bien?
Experto es una palabra grande, pero sí puedo decir que México es el país que más conozco, incluso diría que más que España. Me he integrado mucho en su cultura tras recorrer sus 32 estados. Y aun así, en cada viaje, sigo aprendiendo y dejándome sorprender.
En menor medida, también conozco bastante bien Colombia y El Salvador, países que he visitado varias veces.
Otra zona que destacaría es el litoral atlántico del África subsahariana, aunque es una región tan amplia, cambiante y compleja que jamás diría que uno puede ser experto ahí. En África me considero más bien un eterno aprendiz. Y la verdad, ¡bendita sea esa repetición!
¿Por qué esta fascinación por el “turismo ferroviario”?
Aquí sí se cumple el dicho de que “en casa del herrero, cuchillo de hierro”. Llevo 39 años trabajando en el sector ferroviario, y cuando viajo, no puedo evitar subirme a un tren si tengo la oportunidad.
Me interesa observar muchos factores técnicos que me resultan familiares y, a menudo, los anoto. No me atraen los trenes modernos de alta velocidad; más bien lo contrario. Me encantan las infraestructuras ferroviarias antiguas, y por eso África es un paraíso para mí. También visito museos ferroviarios, y la mayoría que he conocido están en este continente. Disfruto muchísimo.
Narro sin artificios, emociono sin forzar, e inspiro sin postureo. Viajo con los ojos abiertos, pero también con el alma despierta. Y eso, en un mundo tan saturado de estímulos, es un viaje en sí mismo.
¿Eres un viajero planificador o improvisador?
Soy de improvisar, pero con anclas. Me explico: suelo fijar algunos puntos clave como los vuelos principales, y reservo solo la primera noche de hospedaje, sobre todo para evitar problemas en los controles migratorios, donde a veces te exigen mostrar una reserva.
Desde ahí, todo es flexible: la ruta, las estancias, el alojamiento… todo va surgiendo sobre la marcha. También me gusta leer libros sobre el destino antes de viajar, pero evito ver fotos para no quitarle la sorpresa a la primera impresión.
Cuando me jubile —que ya se ve más cerca—, la idea es dejar atrás las “anclas” y entregarme más aún a la improvisación total.
Una anécdota divertida estando de viaje
¡Tengo muchas! Pero una que recuerdo con especial gracia fue en San Lorenzo, una ciudad costera de Ecuador, cerca de la frontera con Colombia. Caminaba por el malecón y notaba que la gente me miraba y se reía discretamente. Incluso en el mercado pasaba lo mismo. No entendía nada.
Hasta que me senté en una plaza y unas chicas jóvenes, entre risas, me dijeron:
—Es que usted es igualito al señor alcalde.
Busqué una foto en el móvil y, efectivamente, ¡éramos como dos gotas de agua!
Me quedó la espinita de no haber podido conocer a mi gemelo ecuatoriano, pero la anécdota me la llevo conmigo para siempre.

¿Huyes de los destinos turísticos o buscas precisamente lo que pocos cuentan?
Desde el principio quise que el blog tuviera ese enfoque: dar voz a los destinos que nadie escribe. Si alguien quiere tips sobre París o Nueva York, hay cientos de blogs que lo hacen muy bien. Pero sobre Lokoja (Nigeria), Buchanan (Liberia) o Zamboanga (Filipinas), prácticamente no hay nada.
Sé que estos destinos no traen muchas visitas ni comentarios, pero me encanta que, de vez en cuando, alguien curioso te escribe agradecido por esa información que no encuentra en otro sitio. A veces incluso para temas no turísticos, como en el caso de Zamboanga, donde varias personas me contactaron porque querían adoptar un niño/a y encontraron mi post como único recurso fiable.
En otro caso, el post sobre cómo cruzar la frontera terrestre de Tijuana a EE.UU. derivó en un aluvión de consultas migratorias y legales que me obligaron a cerrar los comentarios. ¡Mi blog parecía una oficina de abogados!
No es que huya de los destinos populares, pero sí es cierto que se nota mucho cómo van perdiendo naturalidad. Por ejemplo, la Tailandia que visité en 1998 no tiene nada que ver con la de 2024. La masificación cambia no solo los lugares, sino también la actitud de la gente local.
Por eso apuesto por los destinos singulares, esos que, al volver a casa, te dejan un poso tan hondo que sientes el deber de escribir sobre ellos. Es mi forma de agradecer la experiencia y, quizás, ayudar a que más viajeros lleguen a ellos desde el respeto y la sostenibilidad.
¿Algún destino que te haya sorprendido especialmente? ¿Por qué?
Sí: Bangladés. Es un país que suele quedar eclipsado por gigantes como India o Nepal. No tiene su monumentalidad, pero es una auténtica bomba sociológica. Un país tres veces más pequeño que España y con más de tres veces su población… cada instante es un estímulo constante.
Hay diferencias profundas en comportamiento, creencias, nivel de vida… Todo está condensado. Es una pastilla de caldo concentrado para el viajero.
Y si hablamos de intensidad vital, África también lo es. Como me dijo un amigo:
«África es la vida sin preservativo.» No lo dijo por el VIH, sino porque la supervivencia se palpa en cada gesto, en cada mirada.
Por citar otro país que me marcó: Etiopía. Tiene un mix de cultura, religión y paisajes que lo convierten en uno de esos destinos que merecen no un viaje, sino muchos.
El blog de Intermundial
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